Los petardos

Ayer por la noche alguien determinó que era un momento fantástico para lanzar bombas y petardos. Esto coincidió con que yo estaba asomada por la ventana, viendo como un perro paseaba con su familia. 

 

En ese instante el perro se asustó tanto que intentó huir mientras lanzaba alaridos, mordió la correa, corrió en círculos sin parar y sus niveles de estrés se dispararon tanto que cuando lo cogió su compañera humana este intentó zafarse y morderla mientras temblaba sin parar. En ningún momento dejó de llorar ni consiguió tranquilizarse, ni siquiera cuando consiguieron alejarse de la zona y ya se habían detenido las explosiones.  

 

Esta situación no es solamente desagradable para las personas y animales que lo sufren, sino también para aquellas personas que somos conscientes de las consecuencias que tienen estos actos de irresponsabilidad: animales que emiten conductas de fuga, comportamientos agresivos, pájaros que mueren a causa de un paro cardiaco, personas con autismo que buscan refugio en zonas determinadas del hogar... ¿hasta cuando vamos a seguir ignorando las consecuencias de nuestros actos? 

 

En educación canina intentamos dar pautas para minimizar el sufrimiento de muchos perros que se sienten especialmente sensibles a estas situaciones, sin embargo, la solución no la encontraremos en estas pautas, sino en una mayor conciencia social que abogue por evitar el sufrimiento del resto de individuos.